El barrio de Villa Pueyrredón en Buenos Aires tiene una historia gastronómica rica, pero pocos lugares despiertan tanta nostalgia como La Casa Blanca de Habana. Este icónico restaurante, famoso por sus pizzas y empanadas desde los años 90, había cerrado sus puertas. Sin embargo, a finales del año pasado volvió a encender sus fuegos con la excelencia de antaño. Esta reapertura no es solo la de un restaurante más, es la vuelta de un pedazo de la historia del barrio, impulsada por alguien que creció con sus aromas y sabores.
Si eres de los que busca experiencias auténticas, que te conecten con el alma de los barrios porteños y te hagan viajar en el tiempo a través del paladar, entonces te invitamos a seguir leyendo para descubrir la historia detrás de este renacimiento culinario.
Un viaje al pasado a través del paladar
La tradicional pizzería La Casa Blanca de Habana, un punto de encuentro para generaciones de vecinos fue rescatada del olvido por dos amigos de la infancia: Walter García Díaz y Martín Coiro. Este dúo no solo ha revivido un local, sino que ha honrado su legado, fusionando la nostalgia con una propuesta moderna y artesanal.

En la esquina de Nazca y Habana, Villa Pueyrredón, la pizzería es un viaje en el tiempo con toques contemporáneos. Los nuevos dueños mantuvieron elementos emblemáticos, como el cartel original y las pizzeras antiguas transformadas en lámparas, creando un ambiente que evoca el pasado.
Sin embargo, el espacio ha sido renovado con un diseño que equilibra lo clásico y lo moderno, con cerámicas ilustradas, maderas naturales y una iluminación cálida que invita a quedarse. El salón es luminoso y acogedor, con mesas que se extienden hasta la vereda, y un servicio cercano y distendido que te hace sentir como en casa.

Pero el verdadero protagonista de esta reinvención es el horno. Visible desde el salón, un imponente horno de piedra 100% a leña, alimentado con quebracho blanco y rojo, es el corazón de la cocina. En él, cada pizza es una obra de arte. La masa, elaborada con masa madre y harina napolitana, se somete a un proceso de fermentación lenta de 48 horas. El resultado es una base ligera y crujiente con un borde aireado y desarrollado, coronada con un toque especial de alioli casero. Toda la magia ocurre a la vista de los comensales, con un equipo de trabajo que cuida cada detalle con pasión.
Tradición con un toque porteño
El menú es un homenaje a la cocina artesanal, con un toque distintivo en cada plato. Para comenzar, te sugerimos explorar las opciones de tapeo, ideales para compartir. El pan de pizza con alioli casero es una delicia sencilla y perfecta, mientras que las porciones de fainá se reinventan con toppings como cebolla caramelizada y tomates confitados. No te pierdas el lehmeyun de la casa, una receta familiar que rinde tributo a la herencia armenia con una base de carne especiada, queso y vegetales, todo preparado al momento y con el sabor de lo auténtico.

Pero el verdadero corazón de La Casa Blanca de Habana son sus pizzas de 30 cm. Aquí, la técnica napolitana se encuentra con el ingenio porteño en dos estilos: tradicionales y especiales. Entre las más pedidas, encontrarán los clásicos que todos amamos: la napolitana, la fugazzeta rellena, la cuatro quesos y la mozzarella con aceitunas negras.
Si eres aventurero, las pizzas especiales te sorprenderán con combinaciones audaces y memorables. Prueba la stracciatella con calabaza asada y hongos, una mezcla cremosa y terrosa; o la mortadella con ricotta, maní tostado y pesto de albahaca, una explosión de sabores y texturas. Los paladares más audaces pueden optar por la bresaola con crema de ajo y almíbar cítrico con picor, o la intrigante pizza azul con cebollas caramelizadas y de verdeo. La pizzería también demuestra su compromiso con la inclusión al ofrecer versiones veganas y sin TACC, elaboradas con ingredientes frescos y en un horno especial para evitar la contaminación cruzada.

Para culminar la experiencia, los postres son un capítulo aparte. No puedes irte sin probar la torta de ricota de la nona Elena, un ícono de la casa que se sirve con mandarinas confitadas a la leña, o el budín de pan con masa madre, acompañado de dulce de leche y crema.

Y para beber, la oferta es variada: cervezas, vinos por copa o botella y una selección de cócteles clásicos. Pero el diferencial de la casa es su propia etiqueta de moscato joven, Momenti, que puedes disfrutar solo o en dos refrescantes tragos: el Moscatoni, con Sprite y limón y el Momenti Spritz, con agua tónica.
La reapertura de La Casa Blanca de Habana es un recordatorio de que los lugares con historia y sabor verdadero nunca mueren del todo. Este renacer gastronómico es una invitación abierta a redescubrir un clásico que, a pesar del tiempo, conserva su alma intacta. Si visitas la Ciudad de Buenos Aires, no te pierdas la oportunidad de probar sus sabores legendarios y de conocer la nostálgica atmósfera de Villa Pueyrredón.
¿Qué te parece la idea de visitar un lugar que te haga sentir como si estuvieras en los años 90? La Casa Blanca de Habana es la prueba de que se puede respetar el pasado sin dejar de innovar.
¡Una parada obligatoria en tu itinerario!