En el barrio de Barracas, entre las calles que cuentan la historia de la Ciudad, se levanta un templo que es mucho más que un edificio. La Iglesia Santa Felicitas, un tesoro arquitectónico con más de un siglo de antigüedad, nos invita a un viaje al pasado para conocer la historia de una joven que, con su vida y su trágico final, marcó para siempre la memoria de Buenos Aires.
Si buscas una experiencia que combine arte, historia y misterio, este es un destino imperdible en tu recorrido por la capital porteña.
Un monumento al amor y la tragedia
La historia de esta iglesia comienza con la vida de Felicitas Guerrero, una de las mujeres más ricas y admiradas de la Argentina del siglo XIX. Felicitas, conocida por su belleza y fortuna, se casó a una edad temprana y enviudó poco después, quedando a cargo de una inmensa herencia. Su suerte, sin embargo, cambió abruptamente cuando, en el año 1872, fue trágicamente asesinada en la casona de su familia por un pretendiente despechado. Este crimen, que conmocionó a la alta sociedad de la época, inspiró a su familia a construir esta iglesia en su memoria. Terminada en 1875, la iglesia no es solo un lugar de culto, sino un homenaje eterno a la joven Felicitas.

Su familia, para honrar su memoria y la promesa de amor que la unía a Enrique Ocampo, otro de sus pretendientes, decidió construir el templo en el lugar exacto del crimen. Cuenta la leyenda que, durante la construcción, se plantaron dos árboles en el atrio, un bellísimo magnolio y un gomero, que simbolizan el amor y la tragedia. Se dice que en las noches de luna llena, el fantasma de Felicitas se aparece cerca del gomero, llorando por su destino. Los vecinos y algunos visitantes aseguran haber escuchado sollozos que vienen de la iglesia y del parque en esos días, haciendo que la leyenda siga viva en el barrio.
Además de los árboles, la iglesia misma tiene detalles que perpetúan la historia de Felicitas. Un ejemplo es la escultura que se encuentra en la entrada principal, que algunos creen que es una representación de la propia Felicitas, vestida de novia. También se rumorea que el altar principal, construido con materiales traídos de Europa, fue diseñado para evocar la tristeza de su vida. Estos elementos arquitectónicos y artísticos no solo sirven como adornos, sino que son testigos silenciosos de un pasado doloroso y lleno de misterio, que invita a los visitantes a desenterrar los secretos que ocultan sus paredes.
Arquitectura que cuenta historias
Lo que hace a la Iglesia Santa Felicitas verdaderamente única es su arquitectura, un estilo ecléctico que la diferencia de otros templos religiosos de la ciudad. A lo largo de sus muros, encontrarás una mezcla de elementos góticos y románticos, combinados con detalles decorativos que capturan la atención. Pero sin duda, lo más llamativo son las estatuas seculares de mármol que adornan su fachada y jardines, figuras que no representan a santos o figuras bíblicas, sino que, se rumorea, son un tributo a la propia Felicitas y su entorno. Estos detalles, que rompen con la tradición religiosa, la convierten en un punto de referencia para los amantes del arte y la arquitectura.

El arquitecto Ernesto Bunge, quien diseñó la iglesia, se inspiró en los templos del Renacimiento alemán, creando un espacio de una opulencia inusual para la época. Al ingresar, la vista se detiene en su impresionante cúpula octogonal, decorada con vitrales que proyectan luz en el interior, creando una atmósfera mística. Los pisos de mármol y las imponentes columnas corintias contribuyen a la sensación de majestuosidad. A lo largo de los pasillos laterales, se encuentran capillas con retablos tallados a mano y pinturas murales que no solo tienen una función religiosa, sino que también narran episodios de la vida de Felicitas y su familia, entrelazando la historia privada con la pública.
Pero lo que realmente separa a la iglesia de cualquier otro edificio religioso de la Ciudad son sus esculturas inusuales. En el exterior, se aprecian figuras de animales, como un carnero y un lobo, y dos perros labradores que, según la leyenda popular, eran las mascotas de la joven. En el jardín frontal, además, se encuentran dos ángeles que, a diferencia de los habituales en las iglesias, no sostienen elementos religiosos, sino que parecen estar cuidando un pozo. Esta particularidad, junto con la rica ornamentación de la fachada, convierte a la iglesia en un testimonio del arte y la cultura de una época, y en una obra que, por su singularidad, merece ser explorada con detenimiento.

Visitar la Iglesia Santa Felicitas es una oportunidad para conocer una de las leyendas urbanas más fascinantes de Buenos Aires. Más allá de su valor artístico, el templo te invita a reflexionar sobre una historia de amor y pérdida que aún resuena en sus paredes.
Es una experiencia que te conectará con el pasado de la Ciudad de una manera emotiva y singular, demostrando que en cada rincón de Buenos Aires hay un relato esperando ser descubierto.
Puedes conocer la Iglesia Santa Felicitas en las visitas guiadas que se ofrecen, los domingos a las 11:30 h. O asistir a las misas, los sábados a las 19 hs o los domingos a las 10:30 h.
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